Buhonería y mendicidad: sobrevivir sobre rieles

1
La inseguridad en Caracas también es subterránea
13 noviembre, 2016
METRO DE CARACAS
La cortesía se bajó del Metro de Caracas
16 noviembre, 2016
foto-adaptada
La crisis se refleja cada vez más en el subterráneo, donde se debe convivir durante el recorrido con personas que ofrecen mercancía y piden dinero para tener un sustento en Venezuela

Carlos Peña
Sathya Toro

"Una Venezuela activa que me regale los buenos días", es la frase que anuncia la entrada de un vendedor informal en alguno de los vagones del Metro de Caracas. Por lo general va seguida de un coro tímido de "buenos días" - tardes o noches, dependiendo de la hora- y también de expresiones de incredulidad de aquellos pasajeros que se sorprenden por la proliferación del comercio en el sistema de transporte subterráneo.

Para los viajeros habituales no hay sorpresa. Quienes a diario se desplazan en el medio de transporte más económico del país saben que en éste pueden adquirir productos por menos de la mitad del precio que tienen en cualquier establecimiento comercial.

La "Metro bodega" se ha convertido en la solución para quienes necesitan ganar dinero por no tener un trabajo formal y también en la forma más barata de comprar chucherías en la capital del país, donde el billete de mayor denominación, que será sustituido por otros de mayor valor, no alcanza ni para una chupeta. Son muchos los jóvenes - hombres y mujeres - que se ganan la vida recorriendo día tras día los vagones cargando con tostones, chiclets, caramelos, pasas y hasta útiles escolares.

Uno de ellos es Juan Martínez*, quien desde las 6:00 de la mañana comienza su jornada para poder llevar comida a su familia.

Mientras la mayoría de la población aborda el Metro para llegar a sus lugares de trabajo, para él la oficina es el andén y sus compañeros el resto de los vendedores informales que abordan cada tren cargados con mercancía y frases ingeniosas. Como si se tratara de una cláusula de confidencialidad implícita en el gremio, se negó a dar muchos detalles de los "trámites" para que les permitan vender en el sistema.

"Es como todo en Venezuela, aquí nada funciona sin bajarse de la mula por aquí y por allá, ustedes saben cómo es", aseguró. Algunos de sus "colegas" coincidieron con él.

Martínez fue enfático al comentar que no considera ilegal lo que hace y que, como tantos otros venezolanos, solo busca una forma de ganarse la vida después de que la paternidad cambiara sus prioridades. "No se puede estudiar y trabajar a la vez cuando tienes un chamo. Es pura paja, necesitas plata para pañales, leche y todo lo que solo se consigue bachaqueado”, explicó.

Una situación similar afronta Milena García*, quien comparte este oficio con su esposo. "Los dos salimos juntos a comprar la mercancía y a venderla. Es la única manera de mantener la casa", relató la madre de dos niñas en edad escolar.

"Aquí todos nos conocemos, sabemos dónde comprar todo más barato, cuándo van a subirle el precio y cuándo es hora de cambiar de producto", contó al conversar acerca de la rotación de los alimentos que se venden en el Metro de Caracas. Lo que comenzó como una próspera venta de galletas como Susy, Oreo y de caramelos Mentos, ahora se limita a lo que se consigue más barato, generalmente chupetas y otros productos de bajo costo. "No vale la pena comprar algo que tengas que vender en más de 400 bolívares. Nadie te compra, la gente no carga tanta plata encima", dijo.

Hace un par de años era habitual ver cómo los encargados de la supervisión en el Metro de Caracas desalojaban a los vendedores en los trenes. A medida que se acentuó la crisis económica, también proliferó la buhonería en el subterráneo y comenzó a hacerse común la compra y venta en andenes y estaciones.

El plan Buhonería Cero de la compañía gubernamental busca dejar el sistema libre de economía informal. En el primer mes de la puesta en marcha del proyecto, en septiembre, más de 7.000 artículos fueron decomisados por funcionarios del Metro de Caracas, Policía Nacional Bolivariana y Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Sin embargo, quienes a diario viajan en el Metro no perciben que haya disminuido la cantidad de vendedores. Además, los buhoneros deben asistir a unas charlas y en caso de reincidir serán puestos a la orden del Ministerio Público.

Los usuarios tienen una visión dividida en cuanto a la venta informal dentro del subterráneo. Algunos afirman que deberían implementarse medidas que dejen el sistema libre de buhonería, mientras que otra gran parte la acepta porque, a su juicio, proveen un servicio útil al vender a bajos precios.

A pesar de las prohibiciones en el Metro de Caracas, otra modalidad para sobrevivir en medio de la crisis es la mendicidad. El sistema de transporte refleja la necesidad que atraviesan los más pobres y vulnerables. Al menos tres historias diferentes se escuchan cada día de quienes optan por vivir de la compasión de los demás, del dinero que le puedan dar desconocidos en medio del agitado ritmo del subterráneo.

“Buenos días, señores pasajeros. Sé que con mi presencia estorbo, pero hoy necesito de su colaboración para poder comer. Como ven soy ciego y se me hace imposible encontrar trabajo (...)”, dijo en voz alta uno de los miles de ciudadanos inmersos en la miseria que piden colaboración en los vagones. Los más creativos interpretan canciones o exhiben sus talentos a cambio de una limosna para financiar sus medicinas o comprar algo de comida. Otros apelan a la buena voluntad de los usuarios a través del discurso, contando las difíciles experiencias que los llevaron a esa situación e incluso muestran las marcas o lesiones que evidencian su mal estado de salud como pruebas para los que dudan de sus historias.

En el último año se ha hecho más evidente la mendicidad en el Metro por el agravamiento de la crisis, pero también porque se sienten “más amparados”. La compañía intenta controlar más la venta informal de artículos dentro de los trenes a través del plan Buhonería Cero, pero hasta ahora no ha implementado ninguno que evite a los pedigüeños.

Respaldo legal

Hasta el primer semestre de 2015, pedir dinero en las vías públicas era considerado un delito. Sin embargo, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia decidió anular el artículo 502 del Código Penal, que penaliza la mendicidad. La ex defensora del Pueblo Gabriela Ramírez fue quien solicitó la anulación de esta norma por considerarla inconstitucional.

Anteriormente, quienes eran “aptos para el trabajo” y se les encontrara mendigando podían ser arrestados por 6 días. Si reincidían, la pena subía a 15 días. A quienes no eran aptos para el trabajo, y mendigaran sin sujetarse a las ordenanzas locales del caso, se les aplicaban las mismas penas. En la actualidad, la mendicidad no es ilegal hasta que pueda ser considerada un acto de instigación o que se incurra en amenazas a los ciudadanos.

El tormento de la inflación

“Dios te bendiga, cariño. No sabes cuánto tardo para recolectar esos 300 bolívares que me estás dando”, dijo una madre que pedía limosnas, junto a sus dos hijos, en los vagones de la Línea 2 del Metro de Caracas.. “Estoy pidiendo dinero desde las 8:00 am, y hasta ahora llevo como 700 bolívares, con eso compro de vaina una canilla”, dijo la pedigüeña, a las 3:00 pm. En medio de su molestia, alza la voz para decir que el dinero que recolecta no le alcanza ni para vivir “miserablemente”. Los usuarios suelen entregarle billetes de baja denominación. Hace pocos años atrás, los mendigos podían recolectar algo de dinero en poco tiempo, y con eso calmar su hambre comprando un pan en la panadería. Ahora, los billetes que reciben no tienen poder de compra y se ven en la necesidad de pedir limosnas durante más horas. La inflación hace que la realidad sea muy distinta. El Banco Central de Venezuela informó que el índice de precios al consumidor de 2015 cerró en 180,9%. Para el cierre de 2016 las proyecciones indicaban que la inflación sería superior a 300%. “¿Estás viendo este koala lleno de billetes? Con esto no le compro ni una galleta Susy a mis hijos, es muy triste”, dijo la mujer al salir del vagón, mientras se cerraban las puertas automáticas del tren. La vida de los venezolanos ha cambiado por la crisis. Se refleja en las interminables colas que hacen las personas para conseguir productos a precios regulados; en los que escarban en los basureros para hallar algo de comer y “engañar” al estómago y en el aumento de la delincuencia, que ya no se conforma con hurtar un teléfono de último modelo o fajas de dinero devaluado: también roban bolsas con alimentos a quienes se esforzaron por pagarlos. Los buhoneros y mendigos son parte de una larga cadena de afectados. Son “invisibles” para algunos pero, en realidad, son el demacrado rostro de la necesidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *