La cortesía se bajó del Metro de Caracas

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Buhonería y mendicidad: sobrevivir sobre rieles
14 noviembre, 2016
METRO DE CARACAS

28 de 100 usuarios encuestados por el equipo de El Nacional Web reconocieron que no cumplen las normas por el mal servicio que reciben. Por otro lado, 25 de 100 personas aseguraron que el incumplimiento se debe a la grave falta de valores en la sociedad venezolana

Michelle Hurtado | mchurtado@el-nacional.com | @michechf
Elia Moreno | emoreno@el-nacional.com | @Elivanne
Andreina Barreto | Anbarreto@el-nacional.com | @andreina_bj
Yazmely Morillo | Ylabrador@el-nacional.com | @Yazme_23

5:30 am y no se escuchan los “buenos días”. Las personas protegen sus bolsos y pertenencias mientras esperan para que abran la santamaría de la estación del Metro. A las 5:35 am ya se escuchan los trenes rodando.

Haciendo “honor” a la impuntualidad venezolana, lo habitual es que el personal del Metro abra la estación después de las 5:40 am. Comienza el caos: las personas entran “desesperadas” para pasar por los torniquetes que están libres y así lograr subirse en el primer tren. Los usuarios empiezan a incumplir las exigencias del servicio desde que ingresan al sistema sin poseer el boleto mínimo, cuyo precio es de 4 bolívares.

A primera hora de la mañana hay mayor afluencia de personas. Unos van al trabajo, otros a la universidad, algunos a dejar a sus hijos en la escuela. La coincidencia es que la mayoría mira la hora al comenzar el recorrido.

“Al abrir las puertas, permita la salida de los usuarios. Dejar salir es entrar más rápido”, se escucha desde el altavoz, con un pitido que parece despertar a los que aún están somnolientos.

Las normas son claras desde que fue inaugurado el servicio el 2 de enero de 1983. A toda hora son repetidas por los operadores del Metro, pero el venezolano no está acostumbrado a respetarlas. En las horas pico, entre empujones y gritos, todo se hace más evidente: en medio de la gran cantidad de personas y del apuro para llegar al lugar de destino, se convierte en una odisea entrar o bajarse del vagón. Hay quienes incluso no pueden quedarse en la estación a la que se dirigían y se ven en la necesidad de bajarse en la siguiente parada.

La anarquía dentro del subterráneo resulta agotadora para los usuarios en general, pero también puede conllevar a consecuencias más graves.

Maritza Petit, de 63 años de edad, no suele utilizar el Metro de Caracas porque tiene carro. En una ocasión se vio en la obligación de hacerlo para ir a la misa de la mamá de una amiga. Cuando intentó bajarse en la estación Sabana Grande, a las 4:50 pm, no salió del vagón: la sacaron.

“Cuando se abrieron las compuertas había tanta gente y estaba tan compactada que lo que hice fue agarrarme del tubo para quedarme dentro del tren y esperar a la siguiente estación. Pero era tal la magnitud de personas que me empujaron y caí en el piso. Solo me dio oportunidad de agarrar la cartera para que no me robaran, pero no contaba con que rebotaría y me pegaría en la cabeza”, explicó.

A la semana siguiente comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y, al visitar al médico, el diagnóstico fue inesperado: el golpe le produjo un coágulo de sangre en el cerebro y debía ser operada de emergencia.

“No pudieron intervenirme inmediatamente porque yo estaba anticoagulada debido a una prótesis de válvula aórtica en el corazón. Eso complicó aún más mi situación”, agregó Petit, que pasó nueve días en terapia intensiva por el edema crónico.

Después de una etapa de recuperación y de reposo absoluto, el médico le dio de alta.

“No me monto más nunca en el Metro. En las horas pico es una salvajada, no respetan nada. Corre riesgo todo el mundo, esto que me ocurrió le puede pasar a cualquiera”, afirmó.

Se conocen pero no se cumplen

80 de 100 usuarios del sistema, encuestados por El Nacional Web, señalaron que conocen las normas de la compañía. Sin embargo, 92 de ellos consideraron que no se cumplen.

No se acata una de las principales reglas, que es circular por la derecha en todas las áreas de la estación, principalmente en las escaleras. Algunos traspasan la línea amarilla de seguridad en el andén y otros escupen en el piso. Está a simple vista. Dentro de los vagones se ven personas comiendo porque salieron apuradas de casa.

La regla número 10 del sistema establece: “Las áreas y asientos preferenciales identificados en color azul, ubicados en las estaciones, trenes y unidades de Metrobús, solo están destinados para mujeres embarazadas, personas con discapacidad y adultos mayores”. No obstante, generalmente en cualquier vagón del metro se puede observar a al menos cinco jóvenes o adultos sentados en esas sillas preferenciales.

La mayoría de las personas conoce la diferencia entre los asientos azules y rojos de los trenes. Para 34 de 100 de los encuestados esta es una de las normas más importantes, pero 29 reconoce que es una de las reglas que el usuario pasa por alto a la hora de utilizar el servicio.

“En caso de que incumplan las normas se puede llamar a la policía para que se encarguen de hacerlas respetar, pero no eso no ocurre porque no hay funcionarios dentro del sistema o son muy permisivos”, dijo un supervisor del Metro, que prefirió no revelar su nombre.

Otra de las normas suele ser escuchada a través del altavoz: “Absténgase de practicar la mendicidad y la buhonería dentro de las estaciones, trenes y unidades de Metrobús y evite colaborar con estas actividades”. También es ignorada. Puede ocurrir que, mientras el operador habla, usuarios le dan dinero a un joven que interpretó en violín la canción “Venezuela”, de Luis Silva, y otros compran un paquete de chicles a 200 bolívares a un vendedor ambulante.

La indicación de no contribuir ni practicar la mendicidad o la buhonería en el Metro de Caracas es la que más se infringe para los encuestados (33 de 100 personas).

Alberto Vivas, ex operador del servicio, considera que la “cultura metro” dejó de existir hace aproximadamente 20 años.

Recordó que en los años 80, cuando se inauguró el sistema, existía un grupo de apoyo que se encargaba de hacer cumplir las normas. Estaba integrado por un guardia patrimonial, un funcionario de la extinta Policía Metropolitana y un trabajador del Metro.

“Los vendedores existen de un tiempo para acá, pero los pedigüeños siempre habían tratado de ingresar. En ese entonces, el equipo de las tres dependencias hacía recorridos por las estaciones y, cuando se presentaban este tipo de situaciones, simplemente eran desalojados”, explicó.

El grupo logró que el Metro se convirtiera en el transporte predilecto para el caraqueño, por su rapidez y buen servicio.

Ahora, los usuarios identifican varias causas de la decadencia de la cultura metro: 28 de 100 personas reconocieron que no cumplen las normas porque reciben un mal servicio, mientras que 25 de 100 aseguraron que el motivo es la grave falta de valores en la sociedad venezolana. 42 de 100 encuestados sugirieron que una sanción monetaria es el método más efectivo para mejorar el cumplimiento de las normas en el sistema.

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